Veinte años no es nada

  En 1998 la autora de estas líneas hacía unos...

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En 1998 la autora de estas líneas hacía unos años que había acabado la carrera de periodismo, ya no creía en el romanticismo de la profesión -causante en parte de la precariedad laboral en la que ya estábamos inmersas- pero aún confiaba en la rigurosidad de los medios. El País seguía siendo una referencia, la prensa local era útil, aún surgían iniciativas de nuevos periódicos en papel y acabábamos de conocer la web 1.0. Las redes sociales no habían irrumpido en nuestras vidas, aunque ahora nos cueste trabajo recordarnos sin ellas.

Las y los adolescentes a los que nos hemos acercado en esta edición de ‘La Prensa en las escuelas’ aún no habían nacido en ese año. Ninguno de ellos sabe lo que es vivir sin Youtube o Instagram, piensan que Internet es Google y se han criado exponiendo sus caras y sus vidas en cada una de las redes de las que forman parte, sin pudor. Para ellas y ellos, jóvenes de 15 o 16 años, lo marciano es la prensa en papel. Les sorprende tanto la forma como el contenido: papel que mancha, informaciones que les cuesta trabajo entender, imágenes en blanco y negro estáticas… Los periódicos son tan exóticos.

No es ninguna novedad que el futuro de la prensa es incierto, tampoco lo es que esa transformación para adaptarse a nuevas demandas debe centrarse en la profundidad y la rigurosidad en los tiempos de la inmediatez y las fakenews. Son estas cuestiones, además de la importancia e influencia de los medios en general en sus vidas, las que hay plantear a los nuevos lectores a quienes hablamos de periodismo y medios.

Recordando la experiencia de esta última edición me asalta, de ahí el título de este post, la reflexión de un alumno en un debate sobre la libertad de expresión (un debate tristemente actual). “¿Hay más libertad ahora que hace unos años?”, pregunté yo. “Creo que antiguamente había menos libertad”, me dice él. “¿A qué te refieres cuando dices antiguamente?” “Pues a hace 20 años”. Veinte años atrás, 1998, es la antigüedad para ellos y por esa forma lineal de entender la Historia, si es antiguo es peor. Más allá del golpe que supone tomar conciencia de la edad que una tiene tras escuchar eso, fui consciente una vez más de la importancia del periodismo para entender la realidad que te rodea con perspectiva. No todo es lineal, los acontecimientos, la economía, los derechos sociales… Van y vienen y para entenderlos es necesario que siga existiendo un periodismo veraz, riguroso y analítico.

Un rol que ‘antiguamente’ representaba la prensa en papel y que ahora nos cuesta asignar a algún medio. Todo esto nos empeñamos en hacer entender a estas nuevas generaciones a las que cuesta coger un periódico pero que manejan las redes sociales como si hubieran nacido con ellas incorporadas en su ADN. No podemos dejar de lado la realidad en la que están (estamos) inmersos y, de hecho, el análisis de las redes es cada vez más importante en nuestros talleres. Sin embargo, edición tras edición, seguimos comprobando la necesidad de transmitirles la importancia de los medios de comunicación en general en una sociedad que se llama democrática, ahora y antiguamente.

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