Un aprendizaje mutuo

Mi primera experiencia como dinamizadora en el taller ‘La Prensa...

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Mi primera experiencia como dinamizadora en el taller ‘La Prensa en las escuelas’ ha sido más que satisfactoria. He conocido a muchos chicos y chicas, algunos de los cuales me han enseñado más a mí que yo a ellos. He aprendido en estos talleres que no todos los jóvenes son iguales, que se repiten patrones y estereotipos en ciertos casos, pero nunca tanto como nos creemos los que dejamos la adolescencia atrás hace más de 30 años. En general, han mostrado mucho más interés por los contenidos que les transmitía de lo que yo esperaba, y han llegado a generarse debates realmente interesantes sobre los asuntos más controvertidos, como la igualdad de género. Pero, sobre todo, puedo decir que me he divertido de verdad, algo que no siempre se puede decir cuando se desempeña un trabajo. Es cierto que los periodistas somos unos privilegiados en ese sentido. La nuestra es, entre otras muchas cosas, una profesión apasionante porque cada día es diferente, cada historia, cada noticia, cada personaje, cada experiencia. Seguramente todos hemos pensado alguna vez: “Cómo me gusta mi trabajo”. Yo he sentido lo mismo participando en estos talleres.

Es cierto que ha habido momentos desesperantes y de desánimo cuando he comprobado que el alumnado se distraía o no me seguía. Alguno incluso se ha quedado dormido. “No te preocupes, no es tan raro. Pasa muchas veces”, me dicen mis amigos profesores de secundaria. Pero no me consuela. Yo quiero que los principales mensajes del taller les lleguen a todos. Precisamente el que se queda dormido es el que más necesita conocerlos.

A pesar de eso, la impresión general es que los contenidos esenciales les llegan. Me encanta irme al final del aula cuando vemos un video y observar sus reacciones: la sorpresa, la empatía, el rechazo… casi me emociono cuando al finalizar les pregunto que mensaje creen que pretende transmitir lo que han visto y la mayoría lo entiende de manera racional o intuitiva.

A veces me he llevado desagradables sorpresas con las reacciones de algunos chicos respecto al módulo de igualdad de género, lo que demuestra la importancia de su contenido. Repiten tópicos neomachistas, argumentos sin sentido que han oído a sus mayores, para criticar las políticas de igualdad. Y no saben qué decir cuando los enfrentas a los datos objetivos que desactivan sus creencias.

Otras sorpresas han sido muy positivas. Una de ellas fue con el IES Antonio de Ulloa de La Rinconada. Entre la primera sesión del taller y la segunda pasó, por cuestiones de organización del propio centro, un mes. “Tendré que hacer un amplio resumen de lo que vimos el primer día”, pensé. La sorpresa fue que los chicos y chicas de 4º de ESO recordaban casi todos los contenidos de la primera sesión. Apenas tuve que recordarlos. Es una prueba del interés que les despertó el taller, lo que se ha demostrado también con la alta valoración que le han dado.

Después de esta experiencia he aprendido a ver a los jóvenes sin prejuicios, que tienen más interés en el mundo que les rodea de lo que imaginaba, que aprecian que les traten como a seres inteligentes, pero también he comprobado que a veces, aunque entienden y conocen los mensajes no los tienen interiorizados. De ahí la importancia de seguir impartiendo estos talleres, tan necesarios para que los ciudadanos del futuro tengan pensamiento propio.

 

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