Tiempos para ‘influencers’

Para la gran mayoría de estudiantes que asiste a la...

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Para la gran mayoría de estudiantes que asiste a la iniciativa de ‘La Prensa en las escuelas’, los periódicos son cosa de viejos. En pocos hogares son cotidianos, ya ni siquiera los domingos. Los ven en los bares, les suenan los diarios deportivos, pero es algo que como mucho han utilizado para realizar algún trabajo de clase. Preguntan en ocasiones dónde está el índice. “Tienen muchas letras”, dicen. En los tiempos que corren, con una información resumida a base de imágenes y pocos caracteres que se exige casi a tiempo real y de forma gratuita, profundizar para conocer la realidad es inaudito, y lo que es peor, no solo para los jóvenes.

La forma de acercarse a los medios de comunicación ha cambiado, esto es innegable, como también lo son las grandes ventajas que ha traído consigo la revolución digital: mayor accesibilidad, una inmediatez de vértigo y, algo muy valorado en esta era en la que las redes sociales imperan, la interactividad. Sin embargo, la labor periodística se ha quedado difuminada en una maraña inmensa que se llama Internet.

Un ejemplo. Lanzo lo siguiente al alumnado: “imaginaos que habéis estado un mes de vacaciones en el Caribe, sin conexión a Internet –esto ya es demasiado, pero continúo- y volvéis a España y resuena a todas horas el tema de La Manada. No sabéis de qué va en absoluto, ¿qué hacéis para informaros?”. “Consultamos en Internet”, responde alguien. A esta edad, y me temo que a cualquier otra, que las fuentes de información sean verificables o presten credibilidad no es para nada un requisito a tener en cuenta. De hecho, una de las frases más sonadas en las sesiones de La Prensa en las escuelas es la de “los medios mienten, exageran y maquillan la realidad para tener más audiencia”. La fe en el periodismo es puro romanticismo y a los chicos y chicas de secundaria, nacidos con un móvil o una tablet debajo del brazo, les van los influencers con sus canales de Youtube o sus cuentas de Instagram. Sus grandes intereses se cuecen en las redes sociales y les cuesta entender que, a pesar de que su forma de asomarse al mundo es a través de ellas, no son medios de comunicación.

“No todo lo que aparece en una red social es información periodística, pero sí todo lo que aparece en un medio de comunicación debería ser información periodística”, les digo para explicarles la diferencia entre redes y medios. Utilizo el condicional en el verbo, me doy sobrada cuenta, me cubro las espaldas, y el motivo no es otro que el propio descreimiento como profesional del panorama informativo que ofrecen las grandes cabeceras y cadenas audiovisuales. El haber cocinado en sus fogones durante toda mi trayectoria laboral me ha producido quemaduras de amor y decepción, esta última a causa de la tremenda precariedad de la profesión y de la falta de principios morales por parte de los mandos de nuestro trabajo, que los desechan en pos de la máxima audiencia. Del dinero.

Pero también me queda mucho amor, porque sigo siendo una romántica que cree en la vocación de servicio, y les hablo de cómo trabajamos, de lo interesante y divertido que resulta ser periodista, de todo lo que aprendemos y cuánta gente conocemos, de la pasión que nos mueve a seguir ejerciendo nuestro trabajo. Una mano se levanta tras otra, preguntan cuánto ganamos, quién nos dice sobre qué informar, se echan las manos a la cabeza pensando cuántas cosas tiene que saber y hacer un periodista al día. Casi siempre pregunto cuánta gente en el aula ha pensado alguna vez en ser periodista. Vuelve a levantarse alguna que otra mano. Menos mal, no todo está perdido mientras siga habiendo periodistas.

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