Susceptibles de ser engañados

“¡Profesor!” “Profesor, no. Fernando”.  “Eso, Fernando. ¿Es verdad que a...

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“¡Profesor!”

“Profesor, no. Fernando”.

 “Eso, Fernando. ¿Es verdad que a los que llevamos gafas nos van a dar una paga por tener una discapacidad?”

“Uy, pues ojalá”, le respondo a la alumna mientras me coloco mis gafas plantando todo el dedo, una vez más, en el cristal. “¿Quién te ha dicho eso?”.

“Lo he visto en Internet. Voy a buscarlo y te lo enseño”.

El taller continúa y cuando hacemos un pequeño descanso entre las dos horas de la primera parte se acerca y me muestra lo que acaba de reencontrar en su móvil, ese móvil que el instituto donde estoy no le obliga a guardar ni a dejar en casa, como por cierto sí hacen centros educativos con mejores resultados académicos, dicho sea de paso. Lo que me hace leer es una ‘fake news’, que es como por alguna razón muchos hispanohablantes llaman a las noticias falsas. Ésta tenía el siguiente titular: “Personas que usen gafas serán consideradas discapacitadas a partir de 2019”.

La supuesta información, fechada el 26 de noviembre de 2018, explica de forma muy poco detallada que las personas que llevan gafas podrán optar a ciertos derechos como beneficios fiscales, prestaciones sociales y otras ventajas tan surrealistas como preferencia a la hora de conducir, entrega de gafas 3D en los cines o precios especiales en los gimnasios para compensar la molestia de que se empañen los cristales durante la práctica de ejercicio intensivo en una sala cerrada. La imaginación del redactor va más allá y llega a afirmar que en el supuesto comunicado utilizado como fuente de la ‘noticia’, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad anuncia sanciones económicas para quienes, en el colegio, se metan con un compañero llamándole “cuatro ojos”.

La alumna espera mi veredicto con una curiosa mezcla de esperanza (“¿y si resulta que es verdad?”) y desilusión anticipada (“mira que me extraña que vayan a pagarnos por llevar gafas; se arruinaría el Gobierno”). Mientras tanto, algunos de sus compañeros se meten con ella y, por extensión, conmigo mismo: “Si es que eres una inválida… Jajajaja”.

Finalmente, le respondo: “Acuérdate de lo que hemos hablado antes. Tienes que fijarte en quién publica la noticia, y precisamente la web donde sale es de la que hemos estado hablando antes”. La web es Hay Noticia, un portal de noticias absurdas con apariencia de medio de comunicación serio. “Pero entonces, ¿no es verdad?”, me insiste la alumna, demandando una respuesta clara y concisa. “No”. “Claro, ya decía yo”.

Podría parecer sorprendente que alguien que lea esta ‘noticia’ pueda aceptarla como real, creyéndose sin más el precio especial del gimnasio, las gafas 3D o la multa al insulto infantil… Pero si algo está claro en la relación actual de los potenciales lectores de noticias, y especialmente de quienes suelen enterarse de ellas a través de la pantalla del móvil, jóvenes en su mayoría, es que rara vez se leen algo más que el titular. “Personas que usen gafas serán consideradas discapacitadas a partir de 2019”. Perfecto. Ya está. No hace falta leer más.

Y, por supuesto, entra en juego otro factor tremendamente importante: el nivel educativo e incluso intelectual del lector. Basta decir que en el grupo en el que la alumna antes mencionada daba credibilidad a la supuesta declaración de discapacidad de los “cuatro ojos”, de 3º de ESO de PMAR (Programa de Mejora del Aprendizaje y Rendimiento), nadie fue capaz de identificar España en un mapa del mundo al tratar el tema de la libertad de prensa. Incluso uno de sus compañeros señaló África al preguntarle por nuestro país.

 Esto daría lugar a un tema bastante más amplio y complicado como es el del funcionamiento del sistema educativo, que agrupa a los alumnos no aptos para el estudio en una misma aula para tenerles entretenidos hasta los dieciséis años, en lugar de ofrecerles alternativas acordes a sus posibilidades. Porque, efectivamente, no todos los alumnos son aptos para estudiar al igual que quien esto escribe supo desde bien pronto que no era muy apto para la física, la química o las matemáticas. Pero no valer para el estudio (al menos tal y como se entiende en la obligatoria enseñanza secundaria española) no quiere decir no valer para nada.

Y ahí es precisamente donde falla el sistema educativo, incapaz de ofrecer a esos alumnos algo que les anime a seguir vinculados al instituto más allá de la edad obligatoria; algo que se adapte a sus posibilidades y capacidades reales, que evidentemente las tienen. Y claro, luego habrá quien se sorprenda de que un alumno sitúe España al otro lado del Estrecho o que aquélla le dé veracidad al anuncio de que va a recibir una paga por tener gafas.

El limitado o directamente escaso nivel educativo hace a los chavales más susceptibles de caer ante las noticias falsas y ante las maniobras de manipulación de los poderes políticos, sociales o económicos. Ahí es donde, barriendo para casa, proyectos como ‘La Prensa en las escuelas’ se hacen muy necesarios. Sí. Pero en este proyecto de la Asociación de la Prensa de Sevilla somos los que somos y llegamos donde llegamos. Lo que de verdad es imprescindible es una política educativa eficaz, que busque la excelencia, que localice y explote las capacidades individuales y que no dependa de los vaivenes electorales de cada momento.

Mientras tanto, seguiremos aportando nuestro granito de arena para paliar las carencias de un sistema en el que hay alumnos de catorce años que confunden España con África, que dudan si llevar gafas les convierte en discapacitados, que cargan la batería de su móvil desde el pupitre o que dormitan en horas lectivas.

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