Si no se explica no se entiende

Comencemos por el principio. Intentar transmitir a un público adolescente...

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Comencemos por el principio. Intentar transmitir a un público adolescente cualquier mensaje o concepto es una misión que se antoja, a primera vista, algo complicada. Complicada porque cada generación utiliza sus propios códigos comunicativos y porque no siempre se acierta en la temática de la información que se les intenta transmitir.

Jorge explica al alumnado del IES Vicente Aleixander la importancia de leer prensa.
Jorge explica al alumnado del IES Vicente Aleixander la importancia de leer prensa.

Mucho se habla y escribe sobre la supuesta falta de interés de los adolescentes sobre cualquier tema de actualidad. Ya se sabe: siempre están abstraídos con sus teléfonos móviles y tabletas, no son capaces de leer más de un párrafo sin perder el  hilo narrativo del texto en cuestión, atienden únicamente a su reputación en las redes sociales… Tal vez no falte cierta verdad en estas afirmaciones, pero creo que no se ajusta del todo a la realidad.

Durante mi participación en el desarrollo de los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’ he comprendido (y advertido) que los estudiantes de ESO siguen protagonizando las mismas virtudes y defectos que sus generaciones precedentes. Con ciertas particularidades, por supuesto. Haga un ejercicio de memoria y responda a esta pregunta: ¿Leía de forma asidua la prensa entre los 12 y 16 años? Seguramente, su respuesta sea negativa, del mismo modo que los jóvenes estudiantes del presente tampoco dedican mucho tiempo a estar al día sobre la actualidad política o económica.

Pero añado a todo lo dicho anteriormente una peculiaridad. Los adolescentes actuales están expuestos a una avalancha enorme de impactos informativos que no siempre saben gestionar. Ahí creo que reside el gran reto de la profesión periodística en los próximos años. ¿Cómo llegar a estos jóvenes estudiantes? ¿Qué fórmulas utilizar para captar su atención? ¿Cómo situar la información como uno de los pilares básicos de nuestra sociedad? Y en último extremo, ¿cómo captar para la causa a ese ingente número de potenciales consumidores de información seria y contrastada?

En este difícil reto adquiere una gran relevancia el hecho de explicarles la importancia de convertirse en ciudadanos bien informados, como paso previo para adquirir un mayor grado de libertad y criterio propios. Algo que hemos conseguido, en mayor o menor medida, a través de estas charlas formativas. Unas sesiones de animado debate, de las que personalmente he extraído innumerables aspectos positivos. Sobre todo, me han ayudado a comprender que el periodismo seguirá teniendo un futuro saludable si somos capaces de hacerlo visible entre las nuevas generaciones. Aquellas que harán que la labor de los medios de comunicación siga teniendo sentido en un contexto en el que prima la superficialidad y la inmediatez por encima de todo y todos.

 

 

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