Romper las cadenas de la ignorancia

‘La Prensa en las escuelas’ no quiere decir que la...

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‘La Prensa en las escuelas’ no quiere decir que la prensa quiera crear escuela. Simplemente tratamos de darle a los niños unos valores que les pueden servir de mucho para afrontar su salto a la sociedad laboral y a la asunción de responsabilidades tanto personales como profesionales: honestidad, rigor, veracidad, contraste de fuentes cuando reciban una información, independencia, respeto… Y, al mismo tiempo, ponemos en valor la prensa escrita, tanto digital como en papel. Porque los periódicos no se pueden convertir en una pieza de museo. Porque los periódicos otorgan al lector esperanza, risa, llanto, sorpresas, información útil, criterio propio para tomar decisiones, una excusa para socializar, un prestigio social y una credibilidad especial cuando demuestras que estás enterado de lo que ocurre a tu alrededor. Los periódicos son imprescindibles y los buenos periodistas, también.

Por eso, hay que contarle también a los chavales el lado oscuro de la profesión. Ellos mismos, muchas veces, sacan el tema. “No me creo lo que me cuentan”, dicen unos. “Se inventan las noticias porque comen de eso”, espetan otros. Y ahí es donde les hablo de los dos polos opuestos que, sin criterio propio, podrían parecer primos hermanos: El Objetivo es el camino. Salvados es un gran programa. Informe Semanal es muy recomendable. Los reportajes de Luis Fernando López en El Mundo son imprescindibles. Los análisis políticos de Juan Manuel Marqués Perales en el Diario de Sevilla arrojan mucha luz sobre la oscura maraña que nos gobierna. Santi Segurola y sus artículos en Marca sientan cátedra. Los programas y medios desechables están bastante claros: Sálvame, Qué me dices, Rumore, El Mundo Today (un falso periódico que publica noticias de broma), El Chiringuito de Jugones, Deportes Cuatro… Espectáculos que entretienen, pero que pierden las formas a la hora de informar con rigor. La misma Mila Ximénez confesó recientemente ante Risto Mejide que contó que había tenido una supuesta relación sexual con Encarna Sánchez solo para conservar su puesto de colaboradora en Crónicas Marcianas. De esta manera, se confirma que una persona puede perder la dignidad por dinero. Este personaje patético de la televisión española es todo lo contrario a lo que un periodista debe ser. Y, aunque Paolo Vasile siga pagándole un sueldo millonario por mentir en Sálvame, todos tenemos en nuestra casa dos armas para acabar con la mediocridad, la manipulación y el cinismo llevado al extremo: el mando a distancia y el amor propio.

Hay una realidad preocupante en la prensa. Las plumas jóvenes e inexpertas relevan cada vez con más frecuencia a los periodistas de colmillo veteranos. La mujer lo nota más, como en todas las profesiones. Si tienes más de 50 años, o eres Ana Blanco (recordwoman mundial en el prime time de los informativos, con 27 años seguidos como presentadora del Telediario) o tienes los días contados delante de la cámara. Eso es deleznable. No hay que olvidar que, cuanta más edad tiene un buen periodista, mejor puede elaborar las crónicas y los reportajes, porque tiene un bagaje amplio que poner sobre el tapete que enriquece la redacción. Anécdotas y lugares comunes para explicar mejor la realidad. Aprovechemos a los compañeros que tienen todavía la suerte de poder trabajar en lo que les apasiona, porque hemos perdido a demasiados en el camino por el yugo de los malditos Expedientes de Regulación de Empleo (ERES): Antonio Gasset Dubois, Pedro Barthe, el premiado José Cejudo y sus magníficos reportajes en ABC sobre medio ambiente, José Luis Pavón… Un ejemplo más del poder político y económico que ahoga a nuestra maltratada profesión.

Volviendo al taller, Inmaculada, del IES Majuelo (Gines) tiene claro que ‘La Prensa en las escuelas’ mola: “Me ha parecido muy interesante. He aprendido muchas cosas que no sabía sobre el periodismo”. Pues esa es la intención. En el IES Rábida de Huelva me encontré a Gonzalo, un alumno “revolucionario”, según su profesora de Inglés, que conocía perfectamente a los principales políticos andaluces y demostró que, con 15 años, podía debatir perfectamente con Eduardo Inda si se le pusiera por delante. Este centro es muy especial, ya que 160 años le contemplan y tiene el marchamo de calidad de haber acogido en sus aulas a uno de los mejores escritores de la Historia de España: Juan Ramón Jiménez. Ahí es nada. Entre sus muros, también dio sus primeros pasos diletantes el científico de la NASA Juan Pérez Mercader.

En contraste con el alto nivel de los alumnos del Rábida, está la experiencia sorprendente del IES Federico Mayor Zaragoza: ninguno de los 27 alumnos de un 3º sabía quién era el prohombre que da nombre a su centro. Y es que hace falta más inquietud intelectual en la juventud de hoy en día. Es lamentable esa falta de conocimiento cuando tienen un mar de saber a un solo clic en las distintas pantallas de su casa.

En definitiva, ‘La Prensa en las escuelas’ es una herramienta imprescindible para abrir esas mentes cerradas al conocimiento diverso y trasladarles el derecho que no saben que tienen, porque siempre lo han tenido y porque no se han interesado por lo que pasaba en España en el siglo pasado. Estos chicos y chicas pertenecen a la Generación Smartphone y creen que Franco es un actor de Hollywood (acusado de acoso sexual, por cierto) y que los españoles siempre hemos podido alzar la voz, levantar el puño, cantar canciones de cantautores y criticar a nuestros políticos. Pues no. Ese derecho al que no le dan demasiado valor, porque han nacido con él, se llama LIBERTAD DE EXPRESIÓN, que va ligado inexorablemente a la libertad de prensa. Preguntad a vuestros abuelos y abuelas si ellos en su juventud podían hacer corrillos y charlar sobre política, por ejemplo. Preguntadles si podían leer a Marx o a Lenin; si podían ir al cine a ver El último tango en París o El mundo sigue; si podían comprar discos o libros de otros países… En un panorama cada vez más restrictivo, opresivo y contaminado por la posverdad (la mentira de toda la vida), estos chavales deben saber que la lucha por conservar las libertades tiene que tener su eje fundamental en el descubrimiento de la verdad. Y para eso existe el periodismo, última tabla de salvación de la democracia.

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