Quiero ser periodista

La sentencia surgió espontáneamente desde el grupo de poco más...

408
408

La sentencia surgió espontáneamente desde el grupo de poco más de veinte alumnos. En los últimos momentos de la primera sesión teórica les pregunto qué les ha parecido lo que hemos visto. “Yo quiero ser periodista”, contesta una de las chicas de la clase. Lo único que puedo responderle en ese momento es un “mira que bien”. Reconozco que me quedé bloqueado. Llevaba dos horas explicándoles qué es el periodismo, cómo se hace y lo difícil que resulta poner esa teoría en práctica. Y no solo por lo complicado de la situación de crisis actual.

Natanael Bello explicando a dos alumnos.
Natanael Bello explicando a dos alumnos.

Debatimos sobre el tema cuando llegamos a la diapositiva donde se explican los valores que debe asumir un periodista en el desarrollo de su profesión. Hablamos de bancos, eléctricas, grandes centros comerciales todopoderosos, la influencia de los políticos, los intereses de los grandes grupos mediáticos. No es que sea explícito, les decía. Solo hablamos de ‘esas cosas’ que todos sabemos que si las tocamos nos traerán problemas y que muchas veces es mejor pasar de puntillas para seguir comiendo todos los días. Pese a todo, con una inocencia demoledora dijo en voz alta: “Yo quiero ser periodista”.

Ese disparo, en forma de voz adolescente, ha conseguido hundir el dedo hasta el mismo fondo de la llaga. Es un momento personal muy complicado y me planteo la posibilidad de abandonar esa misma ilusión que esta chica tiene. Un momento en el que no hay caminos posibles a simple vista y que mis piernas se encuentran pesadas y cansadas de tantos intentos. Me vi reflejado en esa alumna, hace quince años en un pupitre de secundaria con el mismo deseo y las mismas ganas de llevarlo a cabo. Ahora mismo no sé cuánto ánimo me quedará hasta que la única opción para sobrevivir sea abandonar.

En estas tres semanas, desde que esto ocurrió, he estado dándole vueltas al tema. La chica se llama Carmen y creo que representa a todos los jóvenes a los que precedemos y a los que vamos a dejar en herencia los mismos despojos y la misma cochambre de la que disfrutamos ahora nosotros si no lo cambiamos antes. ¿Ellos se merecen este sistema contaminado? ¿Nos lo merecíamos nosotros?

En este negocio hay culpables directos con nombres y apellidos, pero también hay responsables ejecutores de órdenes poco deontológicas. Sin embargo, hay un grupo que me preocupa más aún. El de los cómplices que callan y son testigos de cómo se está desmoronando la profesión a su alrededor y no reacciona esperando a que llegue su turno o rezando para ser el elegido por el dedo salvador. Al otro lado estamos los que ya no tenemos nada que perder.

Esta primera experiencia con los talleres de La prensa en las escuelas me ha servido para reconocer la responsabilidad adquirida con Carmen por el simple hecho de que un día decidí estudiar periodismo y desarrollarlo como mi profesión. Una profesión que lleva implícitos esos valores que les explicaba de manera inherente e indisoluble. Carmen solo es el símbolo, la representación de una sociedad que espera más de nosotros. Que espera que hagamos lo que todos sabemos que tenemos que hacer asumiendo las consecuencias.

Yo también quiero ser periodista, como Carmen. Espero que las fuerzas no me fallen y me quede en el intento.

In this article