Queda mucho por contar

 Y después de la tercera, llega la cuarta. Una nueva...

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 Y después de la tercera, llega la cuarta. Una nueva edición de este proyecto en la que he participado y en la que vuelvo a reafirmarme cuando digo que “estar bien informado no es una obligación, sino un derecho”.

En cada taller veo nuevas caras, distintas inquietudes aunque muchas coincidentes pero, sobre todo, lo que más me llama la atención es que en todos los cursos se repite la misma situación, falta de información sobre asuntos de la actualidad. Algo que descubro en los primeros cinco minutos cuando, después de pasar el cuestionario, inicio un debate sobre quién lee la prensa y qué ven o escuchan en radio y televisión. La apatía y/o el desinterés por parte de los jóvenes son algunas de las razones de las que se habla y mucho. Pero, más allá de esta posible indiferencia, nosotros somos los primeros que debemos hacer autocrítica ante este hecho. Nosotros, los periodistas, comunicadores, empresarios y profesionales de los medios de comunicación pero, también, nosotros, la sociedad.

Carmen Luna ayudando a los jóvenes a hacer la práctica.
Carmen Luna explicando a 2 jóvenes la estructura de la noticia.

“¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué nos cuesta tanto captar la atención de los jóvenes y adolescentes? ¿Desconocemos los códigos que utilizan o erramos al creer cuáles son sus principales preocupaciones?” Estas cuestiones se las planteo a estos chicos y chicas que concluyen que la sociedad debería estar más motivada en conocer y dar respuesta a las nuevas necesidades, que somos “nosotros” los que mostramos falta de interés a la hora de comunicarnos con ellos.

Aunque no se trate de una teoría científica, no les falta razón. A menudo, la rutina, el contexto socioeconómico y la situación por la que atraviesa el periodismo nos hacen caer en el pesimismo y, con él, en prejuicios y tópicos que nos hacen un flaco favor a la hora de cumplir con nuestra responsabilidad de formar a ciudadanos más cultos, críticos y libres. Y, en muchas ocasiones, nos resignamos, conformamos y, como dice la expresión, echamos balones fuera sobre todo cuando se trata de abordar las cuestiones que le preocupa a este colectivo.

Si algo he aprendido en estos años como dinamizadora de ‘La Prensa en las escuelas’, es que no debo hacer juicios de valor antes de cada taller con la información que recibimos de los centros y grupos y, mucho menos, del alumnado. De cada sesión, con sus particulares características se aprende y mucho. Son pruebas de superación en las que el esfuerzo y dedicación se traducen en energía y motivación para involucrarlos y despertar el interés por esta profesión que, pese a estar tan cerca, es una gran desconocida.

No sé si conseguiré alguno de los objetivos fijados (la misión es complicada) pero al menos me quedo con la experiencia de hacer que nuestros jóvenes ocupen nuestro lugar y nos cuenten sus noticias. Esa noticia que, como decía el gran Gabriel García Márquez, “nunca termina, y nunca todo está contado”.

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