¿Podemos opinar?

La Real Academia Española define el término “estereotipo” como aquella...

105
105

La Real Academia Española define el término “estereotipo” como aquella imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Una expresión que podría definir perfectamente el despliegue de opiniones y pensamientos que invaden la mente de una persona en el mismo instante que cruza las puertas de un instituto de secundaria dispuesta a comenzar una clase.

Es el primer taller y la imagen de jóvenes despreocupados e influenciables sobrevuela mi cabeza en todo momento y permanece en el segundo plano de mi discurso pese a la ilusión y esperanza por transmitirles el importantísimo papel que juega la prensa en nuestras vidas. Sin embargo, comienzo a vislumbrar las primeras caras de interés y concentración a las que pronto siguen cuchicheos y comentarios en voz baja.

De nuevo, una vez más, esa imagen de generación pasota me invita a preguntar con cierta molestia: “¿queréis comentar algo?”, a lo que una alumna responde con prudencia y mirando a su profesora: “¿nosotros podemos opinar?”.

Una pregunta que enseguida me recordó a aquella frase que a todos nos han repetido en los primeros años de nuestra vida cuando, de un modo u otro, comenzamos a tener opiniones sobre lo que está pasando a nuestro alrededor “niño/a, no interrumpas a los mayores” o aquella de “cuando los mayores hablan los niños callan”.

Es entonces cuando las caras de asombro de los alumnos/as ante mi insistencia de que es necesario y conveniente que opinen libremente en todo momento a lo largo del taller, hace que me plantee el origen de esa imagen estereotipada que la sociedad mantiene y no se cansa de perpetuar en torno a los jóvenes de hoy y que quizás, sólo en cierto modo, explique algunos de los motivos que llevan a estos a sentirse ajenos a la realidad que les rodea, y por lo tanto, considerar innecesario estar informados.

Tras la experiencia, puedo deducir con claridad que pese a mis esperanzas, la mayoría de los jóvenes no ha tenido en sus manos un periódico más de diez minutos, que la televisión y en menor medida, la radio, continúan siendo los medios de comunicación más empleados por los jóvenes para estar informados y que, a pesar de la implicación tecnológica de los periódicos digitales por posicionarse en redes sociales, éstas siguen siendo utilizadas por los jóvenes para difundir contenidos de ningún modo informativos.

Sin embargo, y haciendo mención a las primeras ideas considero importante ahondar en porqué los adolescentes desconocen términos como libertad de expresión o libertad de prensa, por qué se les invita a participar en manifestaciones o huelgas de reformas educativas sin explicarles cómo les afecta y en definitiva, preguntándome ¿estamos creando jóvenes sin pensamiento crítico?

María en uno de los talleres de ‘La prensa en las escuelas’

Examen de conciencia

Es el momento de hacer “examen de conciencia” y deducir por qué los jóvenes llegan a su mayoría de edad sin hacer de la prensa un canal de información totalmente necesario en su día a día. Una necesidad que debe ser creada desde los pilares básicos de su formación como son los colegios e institutos a través de iniciativas como las que desarrolla el proyecto “La Prensa en las escuelas”, estudiando y analizando cuáles son los temas de actualidad que preocupan e interesan a los jóvenes y qué canales emplean para informarse.

A través de este proyecto un grupo de periodistas hemos pretendido precisamente eso, mostrar a los más jóvenes no sólo conocimientos sobre el periodismo como materia en sí, sino “hacerles pensar” y desarrollar un pensamiento crítico hacia la información que día a día les llega a través de los canales de comunicación que todos conocemos, ahondar en la necesidad de estar informados para constituirnos como ciudadanos libres, y conocer no sólo nuestro derecho a expresarnos libremente (algo tan demandado en esta franja de edad) sino las limitaciones que esta libertad conlleva.

Unas semanas de las que, sin duda, me quedo con los enriquecedores debates de opinión suscitados a raíz de temas como los estereotipos de género o la violencia en las aulas, el respeto de la gran mayoría de alumnos por las opiniones contrarias y la elaboración de grandes titulares perfectamente publicables.

Ahora, puedo decir que para mí queda lejos esa imagen estereotipada de una gran mayoría de jóvenes sin interés que en cierto modo me invadió el primer día que crucé las puertas del instituto, y sólo espero haber logrado que, en adelante, se sientan en el deber de posicionarse con argumentos a favor o en contra de la información que cada día les llega a través de los medios de comunicación, siendo capaces de cuestionarse las cosas y sobretodo sentirse libres de expresar, por supuesto, su opinión.

 

In this article