Periodista darwiniano

Uno se siente más cómodo –con total seguridad- al otro lado de la mesa. Nuestro medio natural se sitúa precisamente en esa zona del auditorio de la que emanan sin cesar preguntas y se recogen las declaraciones de personas más o menos relevantes y de diversos ámbitos de la sociedad. Y con frecuencia no es …   Read More

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Uno se siente más cómodo –con total seguridad- al otro lado de la mesa. Nuestro medio natural se sitúa precisamente en esa zona del auditorio de la que emanan sin cesar preguntas y se recogen las declaraciones de personas más o menos relevantes y de diversos ámbitos de la sociedad. Y con frecuencia no es una labor fácil. Como tampoco lo es el público al que va dirigido este proyecto de “La Prensa en las Escuelas”. Un público muy joven, más bullicioso de lo normal, desconocedor, en la mayoría de los casos, de nuestra profesión, pero con una dosis de sinceridad que sorprendería a muchos y que demuestra a las primeras de cambio el porqué de esta iniciativa. Afirman sin rubor que leen muy poco y que sólo ven algunos programas de televisión, ¡y pueden imaginar a qué espacios se refieren!… ¿Un periódico? “Marca”. ¿Una emisora de radio? “Máxima FM”. ¿Una revista? “Bravo”…

Los alumnos pasan de la alegría inicial porque se “libran” de una asignatura –afirmación en voz alta y en presencia de ese profesor- a la desconfianza que les provoca la presencia en el aula de un periodista; de la expectación y desinterés inicial, a la animosidad conforme avanzan los minutos; la participación de unos pocos va contagiando al resto de la clase.

¿Y el periodista? El periodista también experimenta cambios en su estado de ánimo, pues de la desilusión que provoca ese instante inicial en el que se siente un náufrago en medio de un océano de desconocimientos a nivel general  y, por ende, de la labor que desempeña el periodismo en nuestra sociedad pasa a una fase de satisfacción a medida que se desarrolla el taller y los alumnos se van involucrando en el proyecto. El periodista, por tanto, debe adaptarse a este difícil hábitat.

Los jóvenes estudiantes, que parten con un lógico recelo, van participando en los continuos debates que lanza el periodista y se vuelven más curiosos; la cuestión del salario en nuestra profesión y a cuántos famosos conocemos son para ellos asuntos de portada.

No es extraño que desconozcan los entresijos de este viejo y noble oficio y que tengan un escaso apego a la lectura cuando afirman sin tapujos que si no están más informados es porque no les importa mucho “la política ni lo que pasa ahí fuera”.

Cuando toca hablar del pluralismo informativo –“¿Profe, eso qué es?”-, el periodista se topa de nuevo con la cruda realidad: los estudiantes desconocen el significado de términos tales como ideología, conservador, progresista… y no atisban dónde puede encuadrarse un determinado medio por la misma razón –desinterés- que no saben etiquetar a un partido político u otro.

Poco a poco asumen la necesidad de estar informados, pero la falta de espíritu crítico es evidente y a tenor de la experiencia, la continuidad de proyectos de esta naturaleza y su aplicación a un mayor número de institutos, acuciante. Está claro que ese espíritu dormita en el interior de cada uno de ellos y que hace falta zarandearlo para que salga a flote, como demuestran en la última de las actividades programadas en este taller de fomento de la prensa escrita. En este sentido, la convocatoria de una rueda de prensa allí en clase, con el periodista, en esta ocasión, atendiendo a unos medios muy peculiares constata todo lo anterior. Los jóvenes se vuelven entusiastas con la sola idea de convertirse en periodistas por unos minutos. La inmensa mayoría de ellos no se conforma con lo expuesto en esa intervención y preguntan sin cesar aspectos muy importantes. Posteriormente, se imbuyen de la charla y se toman muy en serio tanto la redacción de la noticia como la búsqueda de un buen titular. No en vano, al finalizar el taller aumenta en número de jóvenes que quieren –y así lo reconocen- dedicarse al periodismo, aunque en este caso, no sabría decir si esa idea es o no una buena noticia.

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