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Que una alumna te responda en el test de actualidad que el ministro de Educación es “Luis de Windows” (sic) es fruto de la espontaneidad de esa maravillosa etapa de la vida llamada adolescencia. Es una edad en la que una persona se puede conceder la licencia de hablar sin tener por qué ejercitar la cabeza en demasía. Más allá de este período, el resto del mundo no te permite hacer esas cosas.

8El programa ‘La Prensa en las escuelas’, de la Asociación de la Prensa de Sevilla, me ha devuelto a ese pasado de aulas, exámenes, amistades y ganas de vivir al día. Y me ha facultado para pensar que, durante esos años de instituto, los adultos tendríamos que hacer algo más por nuestros adolescentes estudiantes. Podríamos ayudarles a abrir más los ojos frente a la sociedad que les espera, es decir, a madurar en este punto de inflexión de sus vidas.

Éste ha sido mi objetivo en el desarrollo de estos talleres y así se lo he manifestado al alumnado: “debéis informaros sobre la actualidad a través de los medios de comunicación y, al mismo tiempo, ser críticos con los que leéis, veis y oís”. Para crear en ellos esa necesidad acompañada de interés, hemos trabajado los diferentes medios de comunicación, comparado titulares de un mismo acontecimiento, visualizado noticias falsas de Internet convertidas en bulos, hemos sonreído con la intencionalidad que pueden conllevar las fotografías y hemos analizado debates televisivos, entre otras prácticas del taller.

Han resultado realmente relevantes las reflexiones del alumnado en relación a dos vídeos: uno de un debate de los participantes del programa “Hombres, mujeres y viceversa” (Tele 5) y otro del espacio La Sexta Noche en el que Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre se intentaban tomar la lección política: “repita conmigo…”. Alumnos y alumnas coincidían en la frivolidad del primer caso y no ocultaban su rubor al sentirse parte de la audiencia. Por el contrario, del segundo vídeo destacaban el descarado enfrentamiento dialéctico entre ambos rivales políticos. Su curiosidad por saber cómo acababa aquello era manifiesta.

El primero representaba la banalidad y el segundo, la actualidad de lo que ocurre en España, en nuestras ciudades, en nuestras casas, en nuestros bolsillos… Fue ésta una conclusión del propio alumnado, que comprobó que los programas de debates sobre temas actuales no tienen por qué ser aburridos.7

Llegados a este punto, me queda por matizar que, con seguridad, los alumnos y las alumnas no van a dejar de ver súbitamente “Hombres, mujeres y viceversa” y que tampoco van a consumir en su totalidad La Sexta Noche, Un Tiempo Nuevo o El Objetivo. Pero sí, al menos, creo que he conseguido crearles el interés por sentarse en el sofá, delante de la tele y curiosear lo que dicen los protagonistas de la actualidad. Si cada día vieran, al menos, un informativo o leyeran un diario en Internet, el fin estaría cumplido al cien por cien.

Quiero concluir diciendo que el programa ‘La Prensa en las escuelas’ supone todo un acierto para que esta juventud vaya viendo la vida desde otra perspectiva. Programas como éste impulsado desde la Asociación de la Prensa de Sevilla, deberían formar parte del currículum de la Enseñanza Secundaria que, aunque contenga unidades didácticas sobre prensa, radio o televisión, no es suficiente. Estos talleres permiten un trabajo más en profundidad sobre la actualidad y sobre la realidad que le rodea.

Apuesto por la continuidad de este programa periodístico en las aulas de Secundaria para ir sembrando un futuro más crítico en temas como la política, la crisis, la inmigración, la desigualdad de sexos o la cultura. Sólo así, nuestras generaciones futuras podrán estar vivas socialmente.

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