Los “malos” alumnos

Hay situaciones que se repiten a veces en los institutos....

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Hay situaciones que se repiten a veces en los institutos. “Te ha tocado un grupo… Pero no te preocupes; se quedará un profesor contigo”. Estas suelen ser las palabras del docente que me acompaña hasta el aula cuando el alumnado no es a su juicio el más brillante. La primera vez, sinceramente, me asusté un poco porque me imaginé lo peor: gritos, desinterés, conductas irrespetuosas. Después de cuatro ediciones impartiendo ‘La Prensa en las escuelas’, cuando me sueltan algo así, la sensación que tengo es totalmente distinta.

Aunque es cierto que hay grupos donde es necesario volver a explicar lo mismo más de una vez porque se distraen con facilidad y cuesta mantener en un nivel de decibelios soportable, es en estos donde he vivido las experiencias docentes más enriquecedoras.

Normalmente el alumnado participa activamente, con naturalidad y con ganas de expresar su opinión. La metodología empleada en este taller fomenta esa participación mediante actividades prácticas donde el alumnado es sujeto activo de su propio aprendizaje. Y, para ello, trabaja en equipo, analiza, debate y expone sus conclusiones. Esta manera de enseñar es más incómoda para el profesorado, pues pone en riesgo el orden y buen desarrollo de la clase, y más cuando se trata de un grupo difícil de instruir. Pero es estupenda, sobre todo, para los alumnos que no responden a una metodología tradicional, pues se integran más fácilmente en el trabajo en grupo.

Una de las actividades que funciona muy bien en este sentido es aquella que permite conocer cómo está organizado un periódico a través de una competición por equipos, como si se tratara de un concurso. De manera lúdica, se plantean una serie de preguntas vinculadas al periódico, cuya solución deberán buscarla en las páginas del mismo. Diferenciar géneros de opinión, tipo de publicidad que se anuncia, identificar fuentes de información, averiguar quiénes son los actores principales de la sección Internacional y de qué países se habla, etc. De esta forma, bucean en la información de actualidad al mismo tiempo que se familiarizan con la estructura de un periódico, pues para muchos es quizás la primera vez que tienen uno en las manos.

Durante la actividad, sorprende escuchar las cuestiones que plantean esos alumnos y alumnas que quizás no destacan por un excelente comportamiento y expediente académico, pero que dejan entrever interés por determinados hechos noticiosos. Hacen alusión al ‘caso Nóos’ (“¿Por qué ‘el Urdangarín’ no va a la cárcel y el chaval que pagó con una tarjeta falsa, sí?”) o preguntan por la Ley de Seguridad Ciudadana, a la que se refieren únicamente como ‘ley Mordaza’. Surgen comentarios relacionados con los atentados atribuidos al Estado Islámico y resulta llamativo la entrada que hace alguno en clase al grito de “¡Co-rrup-ción en la Fe-de-ra-ción!”, una consigna que posiblemente habrán oído de las gradas de fútbol por parte de la afición más crítica con la Liga de Primera División.

Todo ello me ha hecho reflexionar sobre algunos prejuicios que tenemos sobre el alumnado de Secundaria. ¿Quién es un buen alumno: el que permanece callado y sin molestar o el que repregunta y genera debate? ¿El que conserva el cuaderno limpio y sin faltas de ortografía pero con unas ideas planas, o el que lo tiene más desorganizado, pero en cambio es creativo y desarrolla el pensamiento? ¿A qué damos prioridad? ¿Qué tipo de ciudadano estamos formando en las aulas: críticos o impasibles y dóciles?

Este taller lo aprovecha verdaderamente el alumnado que no se calla, el que se interesa por el poder que tienen los medios de dirigir nuestra mirada. Jóvenes inconformistas, políticamente incorrectos, que no pestañean cuando miramos entre bastidores hacia el entramado empresarial de un medio y cómo este influye en el mensaje del periodista.

Hay días que, aunque cansada y con la voz forzada, salgo del aula con la satisfacción de haber logrado llegar a una juventud, en ocasiones, denostada. Son estos los estudiantes que más me motivan para mejorar cada sesión, corrigiendo y modificando actividades que hagan más atractivo este taller de alfabetización mediática. Todo un reto que acepto con entusiasmo, especialmente cuando insinúan que hay “malos” alumnos delante.

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