¿Los lectores del futuro?

“Mirad, chicos. Cuando nació la radio, hubo gente que pensó...

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“Mirad, chicos. Cuando nació la radio, hubo gente que pensó que el periódico iba a desaparecer porque, si había un medio que contaba las noticias sin que la gente tuviera que hacer el esfuerzo de leer, ¿quién iba a seguir comprando prensa? Cuando nació la televisión, algunos pensaron que la radio desaparecería, porque la tele no sólo contaba lo que pasaba, sino que enseñaba imágenes, cosa que la radio no podía hacer. Y ahora que existe internet, hay quien asegura que la prensa en papel va a desaparecer. Pero, ¿quién sabe? Al final, los medios se han ido adaptando y han sabido explotar las características propias de cada formato”.

Esto parece tenerlo claro el alumnado que asiste a los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’. Lo único que verdaderamente acaba con un medio es la falta de publicidad, como hemos visto en los últimos diez años con la crisis económica, que ha afectado en gran medida al sector del Periodismo; más diría yo que al de la construcción si analizamos diferentes consecuencias, aspectos y problemática específica de la profesión. La publicidad es, por tanto, determinante. Con crisis o sin ella, pasar a última hora de la tarde por un quiosco y ver la cantidad de ejemplares de periódicos que no se han vendido nos haría pensar que esas empresas tienen los días contados. Pero no. Ahí siguen, mejor o peor, pero siguen; con más o menos recortes de plantilla, pero siguen; con más o menos audiencia, pero si los ingresos por publicidad dan lo suficiente, ahí siguen.

Sin embargo, harían bien los directores de los medios de comunicación si se pasaran un día por alguno de los institutos en los que la Asociación de la Prensa de Sevilla está impartiendo desde hace años estos talleres. En muy pocos de los temas que se tratan con los alumnos hay tanto acuerdo como en el siguiente: ¿los medios nos cuentan la realidad? “No”. Alto y claro. Por poner un porcentaje aproximado en base a mi experiencia impartiendo estos talleres, podría decir que el ochenta por ciento del alumnado de entre tercer curso de ESO y primero de Bachillerato tiene clarísimo que los medios no se limitan a contar lo que pasa, sino que “engañan, manipulan, se callan cosas”… Y el veinte por ciento restante no es que opine diferente; es que no responde. Hasta ahora no he encontrado un solo alumno que confíe ciegamente en las intenciones de los medios de comunicación.

Esto es llamativo porque ellos son, o deberían ser, la audiencia del futuro: los lectores de prensa del futuro, los espectadores de los informativos, los oyentes de los boletines de radio… Los jóvenes de hoy en día, que cada día están más habituados a ver los contenidos televisivos o escuchar música a través de internet, sólo tocan un periódico si sus padres lo tienen en casa y sólo ven un informativo de televisión si sus padres lo tienen puesto a la hora de comer. Y esa audiencia, digamos, accidental dice abiertamente que los medios engañan, manipulan y se callan lo que no les interesa. ¿Son conscientes los directores de los medios de comunicación de que para su potencial audiencia futura carecen por completo de credibilidad? ¿Tienen intención de hacer algo al respecto? ¿Les preocupa? ¿Les importa?

Mucho me temo que no es algo que esté entre las principales preocupaciones de los responsables de los medios, que ni siquiera parecen preocuparse demasiado por contar con plantillas verdaderamente profesionales. Ejemplos hay unos cuantos y sin tener que salir de Sevilla. Periodistas de amplia experiencia que son despedidos de un día para otro para ser sustituidos por intrusos, becarios o recién titulados a los que poder pagar poquito y mal… No. Definitivamente la profesionalidad importa casi lo mismo que la credibilidad.

Pero volvamos a los chavales de instituto, porque en su relación con los medios también se evidencian las carencias del actual sistema educativo. Los miembros de la generación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se sorprenden cuando ven la longitud de los textos de cualquier periódico en papel. “¿Cuánto tardaríais en leer un periódico desde la primera hasta la última página?”, pregunto. “¡Dos semanas por lo menos!”, responde alguno. A los jóvenes que se enteran de las noticias (de las noticias que se enteran) a través de los limitados caracteres de un ‘tweet’ les parecen largas las noticias publicadas en prensa. “Es que deberían ir más al grano, resumir mejor las cosas, poner titulares más claros”, son algunos de sus consejos. “¿Y así os vais a enterar de todos los detalles?”, pregunto. “Hombre, no, pero de lo más importante sí”. ¿Se está incentivando hoy en día a los alumnos a leer? Y en caso afirmativo, ¿eso está dando los resultados esperados? Ahí están las estadísticas de diferentes organismos para quien las quiera consultar.

Así las cosas, la audiencia del futuro piensa que los medios son poco concisos, no van al grano, se “enrollan” demasiado… y encima lo que cuentan es poco fiable porque “los medios sólo buscan vender y hacer la pelota a los políticos”. Y mientras los jóvenes piensan esto, ayer mismo, 29 de abril, un importante periódico renunció a su portada para cedérsela a una empresa automovilística en forma de carísima publicidad. De momento eso importa más que cuántos ejemplares tiene el quiosquero que devolver sin haberlos vendido. La publicidad manda, por encima incluso de la información. Si al menos sirviera para readmitir a los profesionales despedidos…

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