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Participar en el proyecto de La Prensa en las escuelas es como sumergirte en un baño de realidad. Las aulas son micromundos que contienen una fiel representación de las diferentes realidades que conviven del patio hacia fuera, aunque en clave adolescente. Diferentes pueblos, diferentes barrios, diferentes aulas. En cada uno de ellos te encuentras una muestra de miradas, de posturas, de valores que se reproducen en la sociedad.

A lo largo de este curso me he encontrado con un poco de todo. He coincidido con chicos y chicas que entendían el taller como la mejor manera de desconectar las neuronas para permitirse un respiro entre mates y lengua. Pero también con jóvenes motivados, que se revolvían en sus sillas ante los casos de manipulación planteados y que se posicionaban con fuerza y determinación. He coincidido con clases en las que el respeto y el diálogo brillaban por su ausencia. Pero han sido mayoría los casos en que los debates y el intercambio de ideas han sido ricos y constructivos. Del mismo modo, me he encontrado con profes comprometidos que daban valor a la actividad y con otros que entendían que de nuevo tocaba perder alguna de sus horas por otra “charlita” más. Jóvenes nacidos en España, en Colombia, Marruecos o China. Aulas de “listos” y aulas de “las malas”. En centros con dotación tecnológica y de infraestructuras muy desigual, en zonas con diferentes niveles socioeconómicos, en poblaciones con alta tasa de desempleo y en barriadas de chalet con piscina. En definitiva, gente diversa en realidades diversas.

Y en este acercamiento al tan heterogéneo público joven, mi percepción ha sido muy positiva. Me he encontrado con una población con ganas de ser preguntada, de ser increpada y provocada, con ganas de retos, con ganas de pensar y descubrir otros discursos. En parte anestesiada por la sobreinformación y la desinformación que sufren desde su llegada al mundo, con pocas herramientas para filtrar y con necesidad de encontrar espacios para educar una mirada más crítica ante la realidad. Curiosamente, no me he encontrado con esa gran masa de jóvenes apáticos, desagradecidos y violentos que demasiado a menudo se describe en el discurso social. Una descripción a mi parecer facilona, injusta y muy poco constructiva.

Irene Águila en el IES Severo Ochoa

Como ejemplo quiero compartir una anécdota que me emocionó y sorprendió hace unos días. Era miércoles 8 de marzo y dieron las 12,00. En ese momento comencé a sentir un murmullo y cierta inquietud en la clase mientras yo seguía con mi retahíla. Pensé: “Ya se están cansando… voy a tener que llamar al orden…”. Una chica se levantó, se acercó a la ventana y dijo: “Aún no hay nadie”.  Entonces, algo molesta, pregunté: “Pero bueno, ¿esto qué es? ¿qué ocurre?” y ella me explicó que se había convocado en el centro el Paro Mundial de Mujeres contra la violencia de género y por la igualdad con motivo del Día Internacional de la Mujer.  Vaya, lo había olvidado, pero ellas no y venían vestidas de negro y dispuestas a formar parte de ese gran gesto con orgullo. Entonces todas las chicas del aula se levantaron y salieron al patio donde se unieron con muchas más. Los chicos se quedaron en sus mesas, algo incómodos y descolocados. Me pidieron permiso para asomarse a las ventanas y observar a sus compañeras. Las miraban con orgullo y poco a poco fueron aplaudieron su iniciativa. Algunos de ellos se preguntaban por qué no podían bajar. Ellos también querían participar y no entendían por qué debían de ser excluidos en una lucha que en sus palabras “debe ser de todos y de todas”. Cuando volvieron las chicas comenzó un pequeño debate al respecto. Ellas querían que se visibilizara cómo quedarían las aulas si no hubiese mujeres. Ellos insistieron en su idea de ser incorporados a “la lucha”. Se generó un intercambio emocionante que despertó en mí esperanza y orgullo. En definitiva, tenía ante mi un grupo de jóvenes que no encajaban en esa descripción simplista y destructiva de “ninis malcriados”.

Y no ha sido ésta la única sorpresa. Muchos momentos quedarán en mi memoria tras el paso por este proyecto. Muchos artículos de opinión a mi parecer a la altura de ser publicados en cualquier periódico, muchas noticias documentadas y completas sobre cuestiones de actualidad complejas y muchos reportajes con un enfoque y sensibilidad que en ocasiones se pierde en las redacciones de nuestros medios.

Las cuatro horas que a través del taller hemos compartido seguramente puedan quedar diluidas en el devenir de la rutina cotidiana. Pero de algún modo, tantos años acercándonos a jóvenes de la mano de tantos dinamizadores volcados en el proyectos irán sembrando semillas que, junto a otras experiencias que afortunadamente llegan a las aulas, pueden ayudar a nuestros jóvenes a formarse como personas menos ingenuas, más complejas, menos manipulables, más informadas, en definitiva, más libres.

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