La (no) responsabilidad social de los medios

En los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’ contamos...

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En los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’ contamos historias, a veces reales y otras ficticias. “Yo conozco otro medio de comunicación”, asegura Daniel, un estudiante de unos 14 años de un instituto de Sevilla. Lo dice tras haber estado enumerando entre todos los presentes en clase los distintos medios que conocemos, intentando diferenciarlos de los canales cotidianos de comunicación. “Pues eso, que conozco otro”, repite mientras se pone de pie intentando así captar la atención del grupo.

“Es un medio de comunicación que me he inventado con un amigo. Consiste en coger dos latas y unirlas con una cuerda. Mi amigo se pone una de ellas pegada al oído, yo hablo sobre la otra y él escucha lo que le digo”. Daniel, que en realidad está describiendo un popular dispositivo acústico donde el sonido es transformado en vibraciones, vuelve a tomar asiento, sin saber todavía que con su intervención ha puesto sobre la mesa una cuestión clave.

“¿Qué diferencia hay, pregunto yo, entre la televisión, la radio o la prensa digital y el medio que acaba de describir Daniel?”. Tras varios titubeos, algunas voces sentencian: “Lo que dices en una lata solo llega a una persona, pero lo que dices en la tele o en internet llega a mucha más gente”.

Los medios de comunicación de masas ejercen, por su poder y por su capacidad de alcance, una influencia enorme en nuestra manera de pensar y actuar. Analizar la responsabilidad social de los medios, que suele perderse en aras de su función comercial, supone hacerlo desde dos ángulos: como medios y como empresas.

Hace menos de dos años Aylan Kurdi apareció ahogado en una playa de Turquía. Desgraciadamente, no se trata de un caso aislado, pero ese día casi todos los periódicos del mundo se hicieron eco de lo sucedido, llevando a portada tanto la noticia como las fotografías que invadieron las redes. Conscientes del poder de la imagen en nuestra sociedad, en los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’ nos preguntamos qué fotografía hubiésemos elegido y por qué. Porque siempre hay un porqué.

Sin olvidarnos de Aylan, seguimos haciendo una lectura crítica de los medios y Le Monde nos lo pone muy fácil. Ese día el diario francés hizo dos cosas: publicar la noticia en portada y colocar en la quinta página un anuncio publicitario de una marca de bolsos. ¿Una decisión desafortunada o intencionada? Derecho a informar y a estar informados sí, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio.

“Imaginemos que mañana por la mañana, cuando compre el periódico, leo en la portada: ‘Los estudiantes de 4º de ESO del Vicente Aleixandre son unos ladrones’. Por la tarde lo escucho en la radio, lo veo en la televisión y en internet. Y así todos los días durante un mes entero. ¿Qué ocurre si dentro de dos meses me cruzo contigo, Daniel, por la calle?”. La clase contesta casi al unísono: “Te cruzas de acera, agarras tu bolso, lo insultas, por miedo y por odio”.

A través de sus mensajes, los medios construyen una determinada cultura en la que no todos estamos representados de la misma forma. Antonio Navalón lo dejó bien claro en su artículo sobre los millennials, y a diario lo dejan bien claro otros muchos medios generalistas (no todos, afortunadamente) sobre otros colectivos sociales. Red Acoge, organización que promueve los derechos de las personas inmigrantes y refugiadas en España, lo denuncia en este vídeo.

“Pues a mí me parece importante que si un negro ha robado se diga que es negro en los periódicos”. Afirmaciones como ésta, que no son la norma pero tampoco la excepción, demuestran una gravísima falta de alfabetización mediática y evidencian que los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’ siguen siendo importantes, al menos hasta que la ciudadanía, la escuela, las familias, los gobiernos y los medios seamos conscientes de que todos somos corresponsables en la construcción de una sociedad más justa, crítica e informada.

Luego, atónitos, nos echamos las manos a la cabeza cuando escuchamos que en 2016 se registraron un total de 1.272 incidentes por delitos de odio, siendo 416 de ellos por racismo y xenofobia. “La responsabilidad social -sostienen los investigadores Schwalb y Malca- es una filosofía, una actitud o forma de ver la vida que implica que tomemos en cuenta el efecto que nuestras acciones y decisiones sobre el entorno físico y social. En otras palabras, ser socialmente responsable significa ser consciente del daño que nuestros actos pueden ocasionar a cualquier individuo o grupo social”.

 

 

 

 

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