La generación perdida en la era de la ‘posverdad’

Posverdad, un neologismo elegido por el Diccionario Oxford como palabra...

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Posverdad, un neologismo elegido por el Diccionario Oxford como palabra 2016. Su definición se adapta a la perfección a las falsedades:

“Circunstancias en las que los hechos objetivos son menos decisivos que las emociones o las opiniones personales a la hora de crear opinión pública”.

Las nuevas tecnologías, el impacto de la era digital, están arrastrando al formato analógico a casi su desaparición. Sólo hay que observar como está disminuyendo el consumo de periódicos. Muchas empresas periodísticas tienen que reinventarse, y ya apuestan netamente por la versión digital.  A través de estos talleres, tenemos la oportunidad de acercar este medio impreso a los más jóvenes, algo que podría ser arcaico en estos tiempos actuales, pero que para ellos es toda una novedad. El primer objetivo es que una vez que abran sus páginas, fijen su atención en lo que yo llamo la “geografía humana” que podemos encontrar.

En mis talleres les implico mucho en el conocimiento de la actualidad; por ejemplo, les menciono una palabra o un nombre, y ellos me cuentan la noticia. Si les digo: Nadia, puedo encontrarme caras de asombro, pero también quien alza su voz y nos habla del caso de la presunta estafa de los padres en las donaciones para ayudar en  la enfermedad de su hija. Les llamo la atención en como se sirvieron de los medios de comunicación para difundir una realidad falseada.

En este hecho les hago un inciso en torno a la profesión periodística. Este asunto ha generado autocrítica en el Periodismo por el hecho de dar absoluta credibilidad, sin investigar y contrastar datos, al relato que el padre de Nadia hizo a los diferentes medios de comunicación, incluso dando forma a una historia inverosímil en algunos aspectos.

No en vano les muestro la editorial de El Mundo titulada: UN GRAVE ERROR PERIODÍSTICO QUE NO DEBERÍA REPETIRSE,  donde el periódico pide perdón a sus lectores, por no haber sometido a examen lo que contaba el presunto estafador.

IES Macarena

Sólo mencionar el nombre de DONALD TRUMP, un aluvión de chicos y chicas, quieren opinar sobre el controvertido presidente de los Estados Unidos. Surge el debate sobre las decisiones que ha tomado el mandatario norteamericano, por ejemplo, sobre los inmigrantes, las mujeres, o su polémica relación con los medios de comunicación a los que se enfrenta abiertamente.

Las redes sociales están siendo un campo propicio para el desarrollo y la expansión de noticias falsas, y manipulaciones informativas.

Comentamos que Facebook ha sido acusada de haber influido en la campaña presidencial estadounidense, a través de la difusión de informaciones falsas que habrían favorecido a Trump, con un impacto mucho mayor que las informaciones verdaderas. Ante este panorama Facebook ya ha puesto en marcha mecanismos para señalar las noticias falsas en su red.

La primera rueda de prensa de Donald Trump como presidente, nos da pie al debate sobre cómo el gobierno quiere controlar a los medios de comunicación cuando le incomodan. Precisamente en un país como Estados Unidos, que se ha caracterizado por ser un contrapoder y por desarrollar un prestigioso periodismo de investigación.

El juego de la posverdad ha tenido igualmente gran impacto en el Brexit. Por ejemplo, cuando los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea aseguraban que desde la institución comunitaria se robaba millones de libras a su sistema sanitario. Se alcanza un punto en el cual ya no importa que un hecho sea verdad o mentira, sino lo que los votantes sientan hacia ello.

Siempre les destaco que detrás de un medio hay una ideología. En consecuencia,  un mismo hecho puede ser visto desde diferentes puntos de vista. Esta reflexión la ejemplifico con titulares de diferentes portadas sobre un mismo asunto. Así por ejemplo observamos que la muerte del dirigente cubano Fidel Castro se refleja en ABC, como la muerte de un tirano embaucador; en contraposición, El País habla de la muerte del último revolucionario. Lo esencial, les digo, es que los ciudadanos tengamos la posibilidad de conocer todos los mensajes, que nos llegan a través de  medios de comunicación de distinto signo, con el fin de generar nuestro propio criterio.

Toda sociedad democrática debe contar con pluralismo informativo, libertad de expresión y sobre todo con periodistas que puedan desarrollar su labor sin ser coaccionados ni presionados por nadie.

Desgraciadamente casi a diario encontramos noticias referentes a la violencia de género. 2017, ya en sus comienzos, está arrojando un incremento significativo en el número de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas. Nos involucramos en este asunto acercándonos a muchos de estos casos que reflejan los medios de comunicación; nos preguntamos que está pasando en la sociedad para que vayan en aumento, y de que forma la educación puede cambiar la mentalidad machista que genera este tipo de violencia. Algún alumno pregunta: ¿Por qué no se denuncia más?

El polémico autobús tránsfobo de la plataforma “Hazte Oír” provoca entre los adolescentes mucho rechazo. Hay quien cuenta la experiencia de haber tenido algún compañero transexual en las aulas y nos relata que al principio su adaptación no fue fácil, pero que después su relación con el resto de alumnos fue de lo más normal.

En contraposición a los lemas que pretenden poner en circulación este autobús, que muestran intolerancia hacia los niños transexuales, les muestro la idea de unos escolares de un colegio de Huelva que se sintetiza así:

LOS NIÑOS TIENEN CORAZON.

LAS NIÑAS TIENEN CORAZON.

ESO ES LO QUE IMPORTA

A partir de ahí,  muchos de ellos aportan otras alternativas que podrían circular en el bus, que se pueden resumir simplemente, en respeto y tolerancia.

Algunos videos le impactan, sobre todo aquellos en los que ven como trabajan los corresponsales de guerra. En un documental titulado “Pagando para ir a la guerra” el periodista freelance Antonio Pampliega, denuncia la crisis que vive la profesión,  llegando incluso algún periódico a no pagarle nada por sus reportajes realizados en zonas de conflicto. Sólo le ofrecen la promoción “personal”. Una problemática que asombra a los alumnos, ya que pensaban que los reporteros de guerra estaban mejor pagados por el hecho de desarrollar su profesión con tanto nivel de riesgo.

Creo, sinceramente, que a pesar de la desmotivación que podamos observar en los adolescentes, de percibir, a veces, que es una “generación perdida” en la era digital, nosotros como periodistas, y en este caso como dinamizadores en “La Prensa en las escuelas”, podríamos ser la brújula que les sitúe, ante la amalgama de contenidos que cada día vierten los medios de comunicación y las redes sociales.

Aportar las herramientas necesarias para verificar la credibilidad de la información y, en consecuencia desenmascarar las falsedades o medias verdades, incluso bulos, que se transmiten a la opinión pública. Diferenciar la información de la opinión, buscar todas las versiones o exigir el mayor número de voces posibles para configurar la realidad informativa tal y como es, sin posibilidad de que se contamine por otros factores externos.

En uno de los talleres, un joven avispado me hacía una afirmación con respecto a los casos de corrupción que salían en los medios:

“A algunas televisiones se les ve el plumero”.

Me congratulé por la observación inusual en esas edades, y le di la razón, porque vemos cada día, cadenas de televisión que dan prioridad a algunos casos de corrupción en detrimento de otros, con una determinada intencionalidad.

Como señala el presidente de EFE, José Antonio Vera, la posverdad es en realidad el culto a la no verdad, el amarillismo y la contrainformación con ánimo de influir en la vida pública y en sus ciudadanos.

Las mentiras que circulan de forma rápida por las redes y que se hacen virales, socavan la credibilidad de la realidad informativa, a la vez que siembran mensajes de odio e intolerancia que aprovechan determinadas facciones políticas cercanas al populismo.

Ante este panorama, si despertamos las mentes y conciencias crítica de los más jóvenes, ganamos ciudadanos que exigen a los comunicadores una información lo más veraz posible, un periodismo riguroso y honesto que haga frente a la dictadura de la llamada posverdad, que tanto daño hace a las democracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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