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La clase es un periódico es el título de la práctica que he planteado para esta segunda participación en el programa de ‘La Prensa en las escuelas’ de la APS. Nace de una parte de la práctica que realicé en la edición pasada, donde se les planteaba a los alumnos un caso supuesto a desarrollar en común durante la última media hora de la sesión. Entre todos formaban un consejo de redacción donde se deciden los temas importantes que se publican en el periódico y donde se plantearían dificultades (censuras, presiones externas, intereses económicos y publicitarios) con la intención de crear reflexión y debate.

Una vez comprobado el buen recibimiento de los chicos por esta actividad decidí ampliarlo a las dos horas de la sesión práctica para esta nueva edición. Pero, ¿cómo hacerlo? En primer lugar había que ampliar el campo de acción. De ser un consejo de redacción pasaríamos a ser una redacción completa. Para eso tendría que elegir y nombrar una estructura orgánica. ¿Qué gancho utilizar? La mancheta. ¿Sabéis qué es una mancheta? Abrid los ejemplares de Diario de Sevilla, página 4, y El Correo de Andalucía, página 6, y a ver quién sabe decirme cuál de esos elementos puede serlo. Por eliminación terminaban sacándolo.

Una vez conocidos los ejemplos de estructura de un periódico había que elegir a un director. Voluntarios, ¿quién quiere ser director? Algo irresistible, mandar sobre el resto de tus compañeros. No hace falta ser adolescente para sucumbir a la tentación. Esta decisión la iban a tomar ellos por elección democrática. Algo que dista de la realidad pero que les otorgaba una responsabilidad suprema en caso de que el elegido fallara en su cometido. “Lo habéis elegido vosotros, yo me lavo las manos”. Es lo que les repetía cada vez que recibía una queja.

Contábamos finalmente con un director y un subdirector elegidos entre los candidatos. La primera decisión importante es la de crear los

Portada realizada por el alumnado de 4ºA del IES Murillo
Portada realizada por el alumnado de 4ºA del IES Murillo

departamentos y nombrar a sus jefes. El resto sería redactor. Todo este proceso en media hora, uf. En la segunda media hora cada departamento tendría que crear (inventarse) una noticia por cada redactor y acudir a la reunión de primera. Los directores y jefes de departamentos tendrían que seleccionar una noticia por cada departamento que iría en la portada, clasificarla y decidir su disposición según su importancia. El resto sería escribir un título y subtítulo, elegir foto de portada y colocar todo en una plantilla previamente elaborada. Todo en dos horas, cronometrado casi al segundo.

El único sentimiento negativo de todo esto es la preocupación por la reacción ante una situación que se les planteaba. En un momento de la práctica se recibía una llamada de un anunciante (empresa o institución) dando un toque de atención sobre una de las noticias que les afectaba directamente. La primera reacción en los tres casos realizados hasta ahora fue eliminar la noticia en primera instancia para no perder el anunciante. “¿Os acordáis de los valores del periodismo, de la libertad de expresión y esas cosas que hablábamos en la sesión teórica?” Tras un intenso debate recapacitaban y mantenían su criterio de publicación. Lo realmente grave es lo que reconoció uno de los chicos: “Porque es una práctica, si fuera real no ponemos nuestro puesto de trabajo en riesgo”.

Pese a esta pequeña mancha, que no solo es un problema en exclusiva de los adolescentes ni de los periodistas sino de toda la sociedad, mi sorpresa por la respuesta de los niños ha sido muy grata. Aunque la intención inicial era cederles toda la responsabilidad a la hora de la toma de decisiones y jugar el papel de abogado del diablo he terminado asombrado por algunas de sus reacciones y decisiones. La cuestión es ofrecerles un sitio, responsabilidad, que se sientan valorados y que sean capaces de afrontar las consecuencias y la repercusión de sus acciones. Al final les queda la satisfacción del trabajo bien hecho.

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