‘Fake News’, sobreinformación y adicciones digitales

Un adolescente entra en internet desde el móvil. Busca ofertas...

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Un adolescente entra en internet desde el móvil. Busca ofertas de ropa barata. Al entrar en la página de Pull & Bear, se le abre inesperadamente un anuncio de coches. Como se está sacando el carné, entra. Tras navegar por distintas webs de motor, acaba en www.forocoches.com y empieza a leer ‘noticias’. Pero eso que está leyendo dista mucho de ser información veraz. El chico se ha metido en una página de corte machista que no es una revista de motor.

Es sólo un ejemplo de los peligros que tiene internet como herramienta para informarse. La red de redes es sólo un instrumento para conseguir cosas, no un periódico ‘per se’. Es una selva que propina al usuario momentos de placer y belleza, pero también de oscuridad e inquietud. Y, como Indiana Jones machete en mano en busca del arca perdida, debemos saber movernos en esas aguas procelosas de la información.

Por eso, en esta novena edición de ‘La Prensa en las escuelas’, hacemos mucho hincapié en que los alumnos desarrollen su propio criterio analizando las cabeceras digitales. Dentro de su ideología y tendencia política, los medios tradicionales siguen siendo los más fiables en internet: El País, El Mundo, ABC, Marca, AS… Pero también se pueden consultar perfectamente periódicos netamente cibernéticos como www.eldiario.es, www.infolibre.es, www.elconfidencial.com, www.elindependiente.com, www.elespanol.com, www.huffingtonpost.es… Pero hay otros que son más sensacionalistas, como www.okdiario.com, o directamente de humor satírico, como www.elmundotoday.com, www.revistamongolia.com o www.eljueves.es (los dos últimos tienen versión en papel).

Y luego están los blogs y los mensajes en redes sociales, que en muchos casos pueden enriquecer la información del periodista con apuntes técnicos o vivencias del propio protagonista, pero que no se consideran en ningún caso información veraz y contrastada. Es más, suelen usarse para apoyar alguna causa política, social, deportiva o empresarial, por lo que la subjetividad es el pan de cada día.

Los propios medios de comunicación se están transformando a marchas forzadas. Ahora mandan Google y sus algoritmos de búsqueda, una suerte de estereotipación de la información que, en muchas ocasiones, entra en colisión con el criterio puramente periodístico. Un ejemplo: si es el Día Mundial de James Bond, los periódicos se afanan por hacer buenos reportajes sobre el universo 007 para ese día, porque saben que será ‘trending topic’ y habrá mucha gente buscando información sobre su figura. Eso es periodismo. Sin embargo, si la foto de un huevo logra cinco millones de ‘Me gusta’, Google también considera que eso es relevante y se activa el mismo protocolo de actuación periodística. ¿De verdad tengo que escribir un artículo sobre un huevo por el simple hecho de que hay mucha gente interesada en algo tan banal? Ahí está uno de los grandes debates de la actualidad: se le está dando a las redes sociales un estatus a la misma altura que los hechos de la realidad real.

Ya se dan pésames por WhatsApp, algo impensable hace cinco años. Ya se viven fechas señaladas, como cumpleaños familiares o cenas de Fin de Año, por videoconferencia. El mensaje de la película ‘Ready Player One’ está cada vez más cerca: la gente está tan centrada en la realidad virtual que se han desatendido por completo las relaciones personales. La fisicidad ha pasado a un segundo plano y ya uno no siente el compromiso de antaño de personarse en los sitios. ¿Por qué tengo que ir si puedo cumplir mandando un mensajito? Este cambio de paradigma nos lleva irremisiblemente al desapego y a la desazón, a la soledad más absoluta.

Con estos mimbres, las nuevas generaciones tienen que aprender, con más ahínco que nunca, a tener relaciones analógicas. La importancia del abrazo, que recuerda Kike Remolino en su comparsa de este año, La luz de Cádiz. Un emoticono nunca puede sustituir el contexto real de una conversación: los olores, los sabores de una buena comida con un amigo, oír la voz de tu interlocutor en tiempo real y no en un audio de WhatsApp, darse la mano, mirarse a los ojos… ¿Llegará un momento en el que las pandillas de chavales dejen de salir de bares? ¿Se vaciarán las discotecas? ¿Harán los cantantes conciertos solo para internet, sin público real delante? Desde luego, es el siguiente paso.

La transformación del periodismo es la transformación de la sociedad. Los recortes en la libertad de expresión van de la mano de las limitaciones de la libertad de prensa. Y todo ello es consecuencia, entre otras cosas, de la radicalidad de millones de opiniones en las redes sociales. Los vendedores de humo y los incendiarios son microbios que han encontrado en las redes sociales un hábitat perfecto para crecer y reproducirse. Cada vez hay más personas formadas que se autocensuran para no entrar en una guerra de dos bandos que es vacua.

El componente de adicción también es importante. Hay gente que arriesga su vida, se pone en ridículo o cuenta sus intimidades por conseguir más ‘likes’. Ya hay un centro de Madrid que se dedica a rehabilitar a drogadictos digitales. Este es un problema flagrante que necesita legislación. Hay adolescentes que ya no quieren salir de su habitación porque están enganchados a juegos de rol virtuales. Y no nos engañemos pensando que eso ocurre solo en China o en Estados Unidos. Está pasando en Sevilla, posiblemente en tu barrio.

Por todo ello, los medios de comunicación tienen que informar sobre esta preocupante realidad y los políticos deben concienciarse sobre ello y tomárselo en serio. Si Orwell o Huxley levantaran la cabeza, verían casi cumplida su profecía del Gran Hermano. Lo único que les faltó fue adivinar su nombre: Google.

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