Despertando voces

Vivimos una mala época en la profesión periodística, de eso...

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Vivimos una mala época en la profesión periodística, de eso no hay duda. No sólo por la sensación de lejanía que tiene la ciudadanía, aún más elevada en el caso de la juventud, sino por el descrédito y por las malas prácticas informativas. Sin estar del todo familiarizados con las prácticas periodísticas, en casi todas las aulas se ha repetido una misma idea a la hora de responder sobre la función de un periodista o de un medio de comunicación: la desinformación y la manipulación.

Carla García durante una sesión impartida en el IES Antonio Machado
Carla García durante una sesión impartida en el IES Antonio Machado

A todo esto, tristemente, contribuye que sean mayores espectadores del periodismo en sus contenidos y formatos más sensacionalistas. Y aunque me duela decirlo, sabiendo que hay gente con tanta valía, tenemos algunos compañeros y compañeras y a algún que otro intruso que están haciendo mucho daño en la profesión. Con mi más respeto al sector, en el caso del periodismo deportivo o más bien futbolístico, el rey por excelencia para los jóvenes, está siendo un mal ejemplo en muchas ocasiones ofreciendo una información muy sesgada y utilizando un tono más cercano a los programas del corazón que a otra cosa.

Lo mismo ocurre con el periodismo de sucesos, del que se hacen eco los medios de comunicación y lo presentan, sobre todo el medio televisivo, como películas de acción o suspense, con un toque novelesco que poco agradece a la seriedad y al sentido de responsabilidad implícito en nuestro ejercicio como informadores.

No es que me haya querido ensañar con estos dos ámbitos periodísticos, simplemente he querido aprovechar esta líneas para reflejar lo que les llega de nuestro trabajo a los más jóvenes. Y si a algo nos ayudan estas observaciones, a partir del feed-back que nos hacen llegar desde las aulas, es que por muy pasotas que los veamos son capaces de buscar y convertirse en los mayores expertos cuando un tema les interesa. El problema es que parece que nos hemos quedado sin recursos, y que el único ingrediente que nos funciona para esta receta mágica es el morbo.

Por otro lado, es sorprendente el nivel crítico que me he llegado a encontrar en las clases, y no sólo hacia nuestro gremio, que como ya hemos dicho actualmente lo ponemos demasiado fácil, sino con el sistema de poderes y con los intereses que se esconden tras muchas de las realidades que nos muestran. Como aquel alumno del IES Beatriz de Suabia que reflexionaba sobre el atentado en la redacción de Charlie Hebdo argumentando una teoría muy lejana a la versión oficial y lo hacía apelando a sus fuentes de información, que no eran por supuesto los medios convencionales. Es verdad que este tipo de reflexiones no es lo común, pero mientras existan excepciones como la de este chaval, tendremos que empezar a pensar que algo estamos haciendo mal para que no se convierta en lo generalizado.

Aunque la experiencia es muy gratificante, es difícil plantearles un tema y despertar en ellos el interés que nosotros esperamos por la labor periodística. Y cuando hablo de dificultad no me refiero al impedimento que puedan poner ellos, con pocas reticencias me he encontrado en este sentido. Me refiero más bien a la dificultad moral que se me presenta cuando tengo que compartir con ellos mi pasión por una profesión que los tiene tan olvidados. ¿Qué temas les puede interesar? ¿Qué imagen de ellos se muestra en los medios de comunicación? ¿En qué voces se ven representados? ¿Alguien les da la palabra alguna vez? ¿Alguien les enseña a cambiar las cosas que no les gusta a su alrededor y les da cobertura para expresarlo? Sí, todos sabemos que a estas edades la rebeldía les hace ir en contra de todo y exigir más a los demás que a ellos mismos. Pero ¿no sería bueno aprovechar esta energía para enseñarles a saber canalizarla de forma útil, y sobre todo, para enseñarles a expresarla?

Actualmente cuentan con potentes herramientas y no estamos sabiendo reconducirlos en ellas. Ni siquiera en los medios digitales estamos sabiendo construir un espacio para que la generación que ha aprendido a leer a través de las TICs, los conocidos como nativos digitales, puedan contar su realidad y aprender a posicionar sus ideas y a materializarlas en palabras, algo cada vez más complicado en estas edades.

Sin que suene a advertencia, aunque si que lo sea en buena medida, estamos a punto de perder a las últimas generaciones capaces de desarrollar su creatividad más allá de la época infantil. Estamos adormeciendo una capacidad única para generar nuevas ideas, nuevos análisis, nuevos formatos, nuevas opiniones y nuevas soluciones. Por suerte, en mi experiencia en las aulas, he podido ver reflejado en creaciones de portadas de periódicos algún resquicio de esa inventiva, pero también la herencia de una sociedad que vive de lo instantáneo y de la concepción utilitarista de las cosas. Nuestro deber no es sólo bombardearlos de información, sino también despertar en ellos dudas y reflexiones, dándoles la oportunidad de que enciendan ese motor de la creatividad que les ayude a convertirse en voces imprescindibles en nuestra sociedad.

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