Desayunos informativos en las aulas

¿Qué hemos aprendido hoy? Así terminan las clases de este...

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¿Qué hemos aprendido hoy? Así terminan las clases de este taller. Y no me refiero al final del dossier establecido con el que trabajamos todos los dinamizadores del proyecto. Es la pregunta que me hago cada vez que salgo de un aula: “¿qué han aprendido los alumnos?” Son pocas horas para que estos jóvenes conozcan qué es el periodismo, cuál es el trabajo del periodista y cómo funcionan los medios de comunicación. Pero, al menos, es un acercamiento a un mundo no tan desconocido por ellos porque, si bien es cierto que muy pocos se han manchado las manos con la tinta de los periódicos más allá de las páginas deportivas,  la mayoría está al corriente de lo que ocurre a través de las redes sociales y algunos, ven las noticias de televisión. En resumen se podría decir que no están informados tal y cómo entendemos hoy ese término, quizás porque no les hemos enseñado cómo hacerlo.

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Carmen Luna durante una de las explicaciones de los talleres.

Y “¿qué he aprendido yo?”. Ésta es la siguiente pregunta que me formulo porque sin duda este taller es un proyecto de formación mutuo y en continuo crecimiento. Con sus más o menos inquietudes, sus intervenciones, preguntas y ocurrencias, aunque no muy ingeniosas, los alumnos transmiten entusiasmo, motivación, ganas de seguir evolucionando. Unos principios que merecen ser muy valorados en una situación de crisis económica y social como la que estamos atravesando en la que el periodismo no queda muy bien parado. Por ello, de mi participación en este proyecto me quedo con esas pautas, recordándolas siempre en mi labor a favor de la calidad del periodismo y del valor de la información.

Lo cierto es que, en esta época de cambios, nos encontramos con nuevas formas y modos de comunicarnos, con nuevos medios de comunicación en un cosmos informativo. Por ello es necesario redefinir el término “estar informados” de modo que diseñemos un periodismo que se adapte a las necesidades de la sociedad emergente.

Mientras conseguimos este objetivo, me quedo con la esperanza de que las nuevas generaciones al menos hayan aprendido que “estar bien informados no es una obligación sino un derecho” que tenemos para conocer mejor el mundo en el que vivimos, así desarrollar nuestras propias ideas, poseer un espíritu crítico y, en definitiva, ser más libres.

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