De El Rubius, Trump y el alcalde de Sevilla

“¿Por qué los periodistas infravaloráis a los youtubers?”. Ésta fue...

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“¿Por qué los periodistas infravaloráis a los youtubers?”. Ésta fue la pregunta que me hizo una alumna del IES María Moliner de Sevilla, la cual tengo grabada a fuego en la sesera y que en aquel momento me sentó como ese inoportuno martilleo del vecino que no te deja dar una cabezada en el sofá justo después de la sobremesa. No porque no supiera qué responder, sino porque aquella joven estudiante, muy atinada en sus intervenciones por cierto, quizás tenga razón y los profesionales de la información estemos más preocupados de ver enemigos donde no los hay, en vez de abrazar los nuevos canales y las grandes autopistas de la comunicación que nos ofrece la tecnología. Tanto me hizo reflexionar la chica que ahora mismo estoy escribiendo sobre ello y como muestra acredito este texto.

El alumnado realizando una práctica de clase sobre los grupos mediáticos.

Vaya por delante que yo no soy un detractor del mundo youtuber y sus derivados como tuitero o instagramer. De hecho, de mayor quiero ser influencer y tener muchos followers para que hagan like a mis stories. Como se puede comprobar, tampoco soy muy fan de El Rubius o de AuronPlay, y Vegetta me suena a nombre de personaje de dibujos animados, que me retrotrae a mi infancia y revela sutilmente que ya no soy ningún chaval. Por lo tanto, me encuentro entre dos aguas: entre una forma de hacer periodismo convencional, que es la que he vivido y la que me han enseñado desde pequeño, basada en leer periódicos de papel, Gente Menuda y escuchar Carrusel Deportivo en la radio y el Periodismo que se demanda hoy día en el mercado laboral enfocado al posicionamiento de marca en las redes sociales y mucho marketing digital. Por no hablar de una televisión más preocupada de entretener y regocijarse en el dolor de la tragedia ajena que de apostar por un contenido de calidad y cercano a los problemas e inquietudes de la ciudadanía. Como se suele decir: la tele es aquello que se emite entre los anuncios.

A vueltas con El Rubius, pongo la mano en el fuego, y no me quemo, si la mayoría de jóvenes sabe quién es este personaje. Para eso sirven los test de actualidad que realizamos al inicio de las sesiones y que nos vienen muy bien para sacar conclusiones acerca de los gustos y preferencias sobre el consumo mediático del alumnado. ¿Por qué el youtuber más famoso de España es un charlatán de feria ambulante? ¿Por no ser periodista? ¿Por tratar temas poco trascendentales como los videojuegos y hacerlo en tono humorístico? ¿Por la calidad del contenido? Siempre han existido las revistas de videojuegos, de fútbol, de decoración, de cocina, etc. Aquí tienen a un exlector de Hobby Consolas, MicroManía o Don Balón, publicaciones legendarias que, por desgracia, ya pasaron a mejor vida precisamente por la crisis del papel y la llegada de la era digital. Una evolución tecnológica imparable y que todos hemos experimentado casi como ley de vida: nuestros padres estaban en el mundo gracias a la prensa y a la radio, nosotros crecimos pegados a la pequeña pantalla y ahora nuestros hijos y nuestras hijas lo hacen a través de Internet.

Es preocupante el tiempo que estamos tardando los periodistas en darnos cuenta de que ese es el camino para llegar al público, y sobre todo a los más jóvenes, a los que Facebook se les está quedando obsoleto y que la moda ahora es YouTube o Instagram. No es hacer apología de la banalidad y de la filfa, sino de tomarnos en serio las herramientas de las que disponemos y que brotan de este mundo en constante cambio y reciclaje. Y por supuesto, saber utilizarlas, con el valor añadido, además, de ser profesionales de la información. ¿Se imaginan a Gutenberg siendo marginado por amanuenses? Quizás un día lo fue, pero adaptarse a los cambios es sinónimo de éxito.

Quien no es un personaje marginal entre la juventud, precisamente, y con esto concluyo, es Donald Trump. Diría, incluso, que es más reconocido que El Rubius. Esto sí que es un “oh my god” de manual. ¿Cómo es posible que un niño o una niña de 14 años sepa quién es el presidente de Estados Unidos y no identifique al presidente de su país y muchísimo menos al alcalde de su ciudad? Vale, estamos hablando del presidente del país más poderoso del mundo, lo sé, pero esto no es incompatible con conocer al titular de La Moncloa. Algo parecido pasa con Venezuela, el tema estrella de las tertulias. Todos saben lo que ocurre a miles de kilómetros de aquí, mientras que nuestros vecinos Marruecos y Portugal son actores casi extraños, de no ser por sus playas y por Cristiano Ronaldo. Cada día estamos más alejados de nuestro entorno, de lo que realmente nos interesa, a cambio de un posicionamiento de la política y la economía mundial que responde a otros ámbitos. Se llama desarraigo y es lo que deja una globalización que desinforma y confunde.

Por cierto, el alcalde de Sevilla no se llama “el Juan”, “el Zoido” o incluso “el Pedro Sánchez”; el alcalde de Sevilla es Juan Espadas. De momento.

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